NGC 6888, GC 4561, C27, Sh2-107 · Nebulosa de emisión / nebulosa alrededor de una estrella Wolf-Rayet
NGC 6888 - Nebulosa Creciente
Hay objetos que parecen tranquilos cuando los fotografiamos, pero esconden una historia extraordinariamente violenta. NGC 6888, conocida como la Nebulosa Creciente o Crescent Nebula, es uno de ellos. En las fotografías aparece suspendida entre el densísimo campo estelar de Cygnus, como una tenue concha rojiza cuyos bordes parecen deshilacharse en el espacio. No estamos viendo los restos de una supernova ni una nebulosa planetaria, sino una enorme envoltura de gas asociada a una de las estrellas más extremas que conocemos: WR 136, una estrella Wolf-Rayet que atraviesa una etapa avanzada y breve de su existencia.
Observación
Lo más fascinante de NGC 6888 es descubrir que esa forma que vemos no es casual. En su interior se encuentra WR 136, una estrella masiva, tremendamente caliente y evolucionada que está expulsando sus capas exteriores mediante un viento estelar extraordinariamente intenso. Mucho antes, cuando atravesaba otra etapa de su evolución, la estrella ya había arrojado grandes cantidades de materia a su alrededor. El viento más rápido que produce actualmente ha ido alcanzando ese material anterior, comprimiéndolo y modelándolo hasta formar la gigantesca envoltura que contemplamos. NASA estima que la estructura completa alcanza aproximadamente 16 × 25 años luz y señala que WR 136 pierde materia a un ritmo equivalente aproximadamente a una masa solar cada 10.000 años. Es difícil imaginar semejantes dimensiones mirando una fotografía, pero la delicada media luna que vemos en ella podría contener holgadamente nuestro sistema solar millones de veces.
Y ahí está precisamente la explicación de su aspecto tan peculiar. NGC 6888 no presenta una superficie lisa ni una circunferencia perfecta: está formada por arcos, filamentos, nudos y zonas mucho más débiles, como una enorme pompa cósmica deteriorada por el tiempo. En tus fotografías destacan especialmente los bordes rojizos y el arco brillante que recorre uno de sus lados, mientras el interior resulta mucho más tenue. En imágenes realizadas con filtros de banda estrecha puede separarse la emisión del hidrógeno, el oxígeno y el azufre; el H-alfa revela buena parte de esos característicos filamentos rojizos, mientras que el [O III], procedente del oxígeno ionizado, puede descubrir una envoltura azul verdosa mucho más extensa y delicada. Es precisamente esa combinación de estructuras brillantes y extremadamente débiles la que convierte a NGC 6888 en un magnífico objetivo para la astrofotografía.
La nebulosa fue descubierta por William Herschel en 1792, mucho antes de que pudiera conocerse la verdadera naturaleza de la estrella escondida en su interior. Hoy sabemos que contemplamos una escena fugaz en términos astronómicos. NASA sitúa en unos 250.000 años el momento en que fue expulsado el material que posteriormente acabaría formando buena parte de la estructura que observamos actualmente. WR 136 se encuentra en una fase avanzada de su evolución y se espera que finalmente termine su vida mediante una explosión de supernova. Eso significa que NGC 6888 no es simplemente una bonita nebulosa: estamos observando un episodio de la vida de una estrella masiva que, en algún momento del futuro astronómico, cambiará radicalmente el aspecto de esta región del Cisne.
Fotografiarla permite además descubrir algo que nuestros ojos difícilmente apreciarían mirando directamente por un telescopio. Aunque NASA proporciona una magnitud aparente de 8,8, su luz está repartida por una superficie considerable, de modo que visualmente resulta mucho más esquiva de lo que esa cifra podría sugerir. La cámara, acumulando luz durante largas exposiciones, consigue sacar poco a poco del fondo esos arcos y filamentos que parecen casi inexistentes al principio. Y tus fotografías muestran muy bien otro detalle del lugar donde se encuentra: el espectacular tapiz de estrellas que rodea a la nebulosa. Estamos mirando hacia Cygnus, en plena riqueza estelar de la Vía Láctea. En medio de ese océano de estrellas aparece una frágil media luna que, en realidad, mide decenas de años luz. Quizá ahí reside el mayor atractivo de NGC 6888: cuanto más delicada parece en una fotografía, más impresionante resulta conocer la violencia estelar que la creó.