Messier 16, NGC 6611, IC 4703, RCW 165 · Nebulosa de emisión

M16 - La Nebulosa del Águila

M16 es mucho más que el hogar de los famosos Pilares de la Creación. A unos 7.000 años luz, la Nebulosa del Águila combina estrellas jóvenes, gas y enormes estructuras oscuras esculpidas por la radiación. Las fotografías permiten viajar desde la inmensidad de la nebulosa hasta esas columnas que hicieron de M16 un icono de la astronomía.

Fotografía de M16  La Nebulosa del Águila

Observación

La zona más espectacular de M16 se encuentra precisamente en el corazón que muestran los encuadres más cerrados. Esas figuras oscuras no son agujeros en la nebulosa: son enormes concentraciones de gas y polvo situadas delante del fondo luminoso. Entre ellas están los célebres Pilares de la Creación, columnas que alcanzan aproximadamente entre 4 y 5 años luz de longitud. Su aspecto es el resultado de una auténtica labor de escultura cósmica. La intensa radiación ultravioleta y los vientos procedentes de las estrellas jóvenes y masivas de NGC 6611 van erosionando el material de la nebulosa; las regiones más densas resisten durante más tiempo y protegen el material que queda detrás, dando lugar a esas largas siluetas. El resultado son las formas fantásticas que podemos reconocer incluso en una astrofotografía amateur.

El nombre Nebulosa del Águila procede de la apariencia que puede sugerir el conjunto, como una gran ave con las alas extendidas, aunque su interpretación depende mucho del encuadre y de la orientación de la imagen. Su historia comenzó mucho antes de que conociéramos sus detalles: el astrónomo suizo Jean-Philippe Loys de Chéseaux descubrió el objeto en 1745-46 y, unas dos décadas después, Charles Messier lo observó independientemente y lo incorporó como el número 16 de su catálogo. Pero su salto definitivo a la cultura popular llegó en 1995, cuando el telescopio espacial Hubble fotografió sus columnas centrales. Aquella imagen de los Pilares de la Creación se convirtió en uno de los grandes iconos de la astronomía moderna y transformó una región conocida principalmente por los astrónomos en uno de los paisajes más reconocibles del universo.

Y esos pilares esconden más de lo que muestran. En luz visible, el polvo bloquea buena parte de la luz procedente de su interior y por eso en tus imágenes aparece casi negro. Cuando los astrónomos observan M16 en infrarrojo, pueden atravesar parte de ese velo y descubrir estrellas jóvenes ocultas en las columnas. Es un paisaje que además está cambiando: las mismas estrellas que iluminan los Pilares también los están desgastando. Observaciones realizadas con el instrumento MUSE del Very Large Telescope de ESO permitieron estudiar su estructura tridimensional y estimar que la intensa radiación de las estrellas cercanas podría terminar evaporándolos en alrededor de tres millones de años. Es muchísimo tiempo para nosotros, pero apenas un instante comparado con las escalas habituales del cosmos.

Las tres fotografías permiten apreciar muy bien algo que a veces se pierde en las famosas imágenes de gran aumento: los Pilares son solo una diminuta parte de M16. Mientras los primeros planos conducen la mirada hacia esas columnas oscuras, la toma de campo más amplio descubre una nebulosidad mucho más extensa, irregular y tenue a su alrededor. La Nebulosa del Águila alcanza aproximadamente 70 × 55 años luz, de modo que aquellos gigantescos Pilares de 4 o 5 años luz resultan pequeños dentro del conjunto. Visualmente M16 es mucho más discreta de lo que sugieren las fotografías; la cámara, acumulando luz durante exposiciones prolongadas, consigue revelar la nebulosidad débil y las estructuras que nuestros ojos difícilmente pueden percibir con semejante riqueza. Y quizá ahí reside parte de su atractivo para el astrofotógrafo: apuntar hacia una tenue mancha de Serpens y terminar registrando, desde nuestro propio planeta, uno de los paisajes más famosos de la Vía Láctea.