Messier 17, NGC 6618, IC 4706, IC 4707 · Nebulosa de emisión
M17 - La Nebulosa Omega
M17 en las fotografías aparece flotando sobre un campo repleto de estrellas, con una brillante franja central rodeada por una nebulosidad rojiza mucho más tenue y atravesada por oscuras nubes de polvo. Estamos contemplando la Nebulosa Omega, también conocida como Nebulosa del Cisne, de la Herradura o de la Langosta, una espectacular nebulosa de emisión situada en Sagitario. A unos 5.500 años luz de nosotros, M17 es una de las grandes regiones de formación estelar de nuestra galaxia.
Observación
Lo primero que atrae la mirada en las imágenes es esa especie de ola luminosa que atraviesa el centro de M17. Su resplandor procede del gas excitado por estrellas jóvenes, muy calientes y energéticas, escondidas en buena medida entre las propias nubes de la nebulosa. Pero tan interesantes como las regiones luminosas son las oscuras: en el lado izquierdo de la fotografía pueden distinguirse manchas y entrantes negros que no representan huecos vacíos, sino concentraciones de polvo situadas delante del gas brillante y capaces de ocultar su luz. El resultado es esa apariencia irregular y casi tridimensional que hace de M17 un objeto tan reconocible. NASA señala además que en su interior se encuentra uno de los cúmulos estelares más jóvenes conocidos en nuestra galaxia, con una edad de aproximadamente un millón de años.
Y precisamente su peculiar silueta ha dado a M17 una sorprendente colección de nombres. Dependiendo de la orientación de la imagen y de qué estructuras destaquen más, algunos observadores han imaginado la letra griega omega, otros un cisne deslizándose sobre el agua, una herradura e incluso una langosta. SIMBAD recoge varios de estos nombres históricos para el mismo objeto. Lo curioso es que aquello que vemos en luz visible representa solo una parte de la historia: el polvo que produce esas atractivas siluetas oscuras también esconde multitud de estrellas. Cuando M17 se observa en infrarrojo, esa luz puede atravesar mejor el polvo y aparece un paisaje estelar que permanece oculto en una fotografía convencional. Las observaciones de ESO con VISTA muestran de forma espectacular esta cara escondida de la nebulosa.
M17 tampoco es un descubrimiento moderno. El astrónomo suizo Jean-Philippe Loys de Chéseaux la observó en 1745, y años después Charles Messier la incorporó como el objeto número 17 de su famoso catálogo. Aquella pequeña mancha difusa observada con los modestos telescopios del siglo XVIII sabemos hoy que es una gigantesca estructura situada a unos 5.500 años luz. Para hacernos una idea de su escala, una imagen de ESO que abarca únicamente unos 8,6 minutos de arco de la región corresponde aproximadamente a 15 años luz a la distancia de M17. Lo que en el cielo parece una pequeña nube es, en realidad, un paisaje interestelar de dimensiones difíciles de imaginar.
Y aquí es donde las fotografías permiten cerrar el círculo. Con una magnitud aparente cercana a 6, M17 puede localizarse incluso con prismáticos bajo un cielo adecuado, pero es la astrofotografía la que comienza a revelar toda su personalidad. En las tomas no solo aparece con claridad la región central: también has registrado la nebulosidad rojiza mucho más débil que la envuelve, especialmente alrededor y por debajo de la zona brillante. Esa señal tenue es importante porque permite percibir que M17 no termina donde acaba su espectacular núcleo. Al procesarla con cuidado aparecen filamentos, nubes y zonas oscuras que amplían enormemente el objeto. Y quizá ahí reside buena parte de la magia de fotografiar la Nebulosa Omega: una pequeña mancha perdida entre las estrellas termina convirtiéndose, después de recoger durante un tiempo los fotones que comenzaron su viaje hace unos 5.500 años, en uno de los paisajes más impresionantes de nuestra Vía Láctea.