Messier 27, NGC 6853 · Nebulosa planetaria

M27 - La Nebulosa Dumbbell

Hay objetos que parecen hechos para recordarnos cómo será el lejano futuro de nuestro propio Sol, y M27 es uno de los más hermosos. En las fotografías aparece como una pequeña nube azul verdosa flotando sobre un campo repleto de estrellas, con dos zonas rojizas abrazando sus extremos. Es la Nebulosa Dumbbell, también conocida como Nebulosa de la Mancuerna, una de las nebulosas planetarias más brillantes y fáciles de observar del cielo. Se encuentra en la discreta constelación de Vulpecula y, aunque parece pequeña desde la Tierra, su luz ha necesitado alrededor de 1.200 años para llegar hasta nosotros.

Foto de M27 La Nebulosa Dumbbell

Procesado

Lo curioso es que su nombre puede llevarnos por el camino equivocado. Una nebulosa planetaria no tiene nada que ver con los planetas. El término nació porque estos objetos, vistos con los modestos telescopios de los primeros observadores, podían parecer pequeños discos planetarios. En realidad estamos contemplando las capas exteriores que una estrella envejecida expulsó al espacio. En el corazón de M27 permanece el núcleo extremadamente caliente de aquella estrella, cuya intensa radiación ultravioleta ilumina el material que la rodea. De alguna manera, fotografiar M27 significa contemplar un episodio del destino que aguarda también a estrellas parecidas al Sol, aunque nuestro astro todavía tenga por delante miles de millones de años de evolución.

Y aquí es donde las fotografías cuentan una parte especialmente bonita de la historia. La nebulosa no aparece simplemente como una mancha uniforme: se distinguen claramente una extensa región azul verdosa y zonas rojizas en sus extremos. Esos colores tienen un origen físico. M27 emite con gran intensidad en determinadas longitudes de onda: el oxígeno ionizado produce una de sus emisiones más características en la región verde-azulada, mientras que el hidrógeno, el nitrógeno y el azufre contribuyen a otras tonalidades, especialmente hacia el rojo, dependiendo de los filtros y de cómo se construya la imagen final. Las observaciones del Hubble revelan además que su interior está lejos de ser una nube lisa: contiene numerosos nudos y condensaciones de gas y polvo. Algunos incluso desarrollan pequeñas colas que parecen apuntar en dirección contraria a la estrella central.

Su silueta es precisamente la responsable de su nombre más conocido. Los dos lóbulos brillantes hicieron pensar en una mancuerna, de ahí el inglés Dumbbell Nebula, aunque las fotografías profundas muestran que su verdadera estructura es bastante más extensa y compleja que esa figura central. Charles Messier la descubrió en 1764 mientras buscaba cometas y confeccionaba su famoso catálogo de objetos nebulosos que podían confundirse con ellos. Sin saber todavía qué clase de objeto tenía delante, acababa de registrar algo histórico: M27 fue la primera nebulosa planetaria descubierta. Más de dos siglos y medio después, sigue siendo uno de los ejemplos más espectaculares de este tipo de objetos.

Para el observador y el astrofotógrafo, M27 tiene además una virtud irresistible: ofrece recompensa incluso con equipos relativamente modestos. Con una magnitud aparente cercana a 7,5, puede observarse con pequeños telescopios bajo un cielo razonablemente oscuro, aunque visualmente no veremos los colores intensos que consigue revelar una cámara. La fotografía cambia completamente la experiencia: acumulando exposición empiezan a aparecer las extensiones más débiles que rodean la brillante mancuerna central. Las imágenes lo ilustran muy bien desde perspectivas diferentes: el encuadre amplio muestra lo pequeña que parece M27 perdida entre innumerables estrellas de nuestra Vía Láctea, mientras que el acercamiento permite disfrutar de su peculiar geometría y de sus contrastes de color. Es difícil pensar en una imagen mejor para resumir lo que representa M27: la muerte de una estrella convertida, durante un breve instante cósmico, en una de las joyas más bellas del cielo.